1. ¿Estamos estableciendo un sistema colaborativo o competitivo?

Debemos poder distinguir el enfoque que estamos fomentando en las aulas, y esto pasa por analizar nuestras propias metodologías. ¿Fomentan la colaboración o, en cambio, la competición?

Podemos ofrecer un enfoque colaborativo en el aula, pues éste va a permitir al alumnado potenciar el desarrollo de sus fortalezas en grupo además de apoyarse unos a otros para descubrir sus debilidades y convertirlas, poco a poco, en fortalezas nuevas. Estos enfoques tienen cambios verdaderamente notables en el comportamiento y desarrollo evolutivo del niño pues acaba descubriendo fortalezas propias hasta el momento desconocidas pero que, a través de la colaboración, ha podido descubrirlas mediante la interacción con sus compañeros, ya que es ahí donde se produce el “feedback” de emociones, ayudas, sugerencias y, sobre todo, facultades.

 

  1. ¿Estamos enseñando a leer?

A priori la respuesta parece obvia, sí. Sin embargo, si entendemos el proceso de leer como un proceso de integración de la información quizás empiecen a entrarnos las dudas.

Enseñamos a relacionar simbología con letras, enseñamos a que, uniendo esos símbolos, creamos palabras y que uniendo estas palabras creamos frases, párrafos, textos, libros, etc. Y, obviamente, esta base es necesaria pero, ¿qué ocurre cuando esta base ya está asentada? Ahí es donde debe entrar nuestro papel como docentes, deberíamos dar pie al comienzo de un camino de autodescubrimiento, de verdadera motivación por adquirir conocimientos desde su propia voluntad autodidacta con nosotros como guías y meros espectadores de ese proceso.

 

Y la pregunta más importante…

 

  1. ¿Para qué?

Ésta es una pregunta más que necesaria que debe estar siempre en nuestra memoria, antes de diseñar una actividad, una programación, etc. ¿Para qué? A pesar de la simpleza que parece tener la pregunta, guarda un gran poder pues cuando, por ejemplo, pongamos una suma en la pizarra para que el alumnado la resuelva nos preguntaremos, ¿para qué están sumando?, es decir, ¿con qué propósito el niño va a realizar una suma? Y siempre, absolutamente siempre, debemos poder dar respuesta a esta pregunta, si no, estamos en el enfoque equivocado porque…si nosotros como docentes no somos capaces de responder a una pregunta así, ¿creemos que un niño puede ser capaz de adquirir un conocimiento del que desconoce su finalidad?

 

Demos un significado a todo aquello que hagamos y elaboremos, pues de ello depende que nuestro alumnado encuentre sentido a lo que aprende.

 

 

 

José Rodríguez.