En un mundo cada vez más dominado por la tecnología, sólo un aspecto fundamental nos diferencia de ella, las emociones.

El contacto humano siempre será la base de una buena gestión de negocio, eso sí, apoyado en la tecnología, pero no con ella como principal artífice del mismo.+

Desarrollar competentemente las facultades emocionales que cada persona tiene innatas va, sin duda alguna, a asentar las bases de un negocio estable, que permitirá el correcto funcionamiento y progreso de la empresa en aspectos como, por ejemplo, el liderazgo, la empatía, la productividad y la calidad humana, entre otras. Estos aspectos conseguirán que la resolución de conflictos se convierta en una tarea plenamente constructiva, en la que todo el mundo estará abierto a la crítica y al progreso personal con el fin de alcanzar las metas personales y empresariales del negocio en cuestión.

 Es muy complicado contemplar hasta dónde podemos llegar como personas o hasta dónde puede llegar la empresa que gestionamos si no tenemos una autoconciencia plena de nosotros mismos o nuestro negocio carece de calidad humana.

Llegados a este punto nos podemos encontrar con la pregunta, ¿en qué afecta el desarrollo emocional a la productividad de mi empresa?

Pues bien, en todo, ya que si una persona determinada no posee un correcto desarrollo de su autoconciencia, podemos dar por hecho que no se sentirá realizada en el puesto que desempeña. Es por esto, que el desarrollo emocional es una base fundamental en la empresa, para que, la plantilla en su totalidad goce, primero, de una salud emocional auténtica, que les lleve a la autorrealización en el entorno empresarial y, segundo, que dicha plantilla, al conseguir una estabilidad emocional, ofrecerá un mayor nivel de productividad pues el trabajo nacerá de la voluntad propia y no de la obligación.

No dejemos de lado el bienestar emocional de las personas, que llegar a la meta o a los objetivos establecidos merecerá la pena siempre y cuando miremos alrededor y veamos una empresa que irradia humanidad.

 

 

 

José Rodríguez.